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¿Carga tu vehículo eléctrico al 100 % todos los días? influyen en la vida de la batería, Geely te lo cuenta

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Clifford Castellanos - Periodista Automotriz
14 min de Lectura

La vida de la batería de un vehículo eléctrico depende de algo más que los kilómetros recorridos. También influyen nuestros hábitos cotidianos de carga y cuidado. ¿Eso significa que debemos vigilar cada porcentaje? No necesariamente.

Un análisis de más de 22.700 vehículos eléctricos ofrece una pista interesante. La degradación promedio registrada fue del 2,3 % anual. Sin embargo, detrás de ese promedio existen diferentes tecnologías, temperaturas y rutinas de utilización.

La batería de un vehículo eléctrico puede conservar buena parte de su capacidad durante años cuando se utiliza correctamente. Para favorecer su desempeño, conviene evitar estados extremos durante periodos prolongados, alternar los métodos de carga cuando sea posible, cuidar la exposición térmica y cumplir el mantenimiento recomendado.

¿Qué significa realmente que una batería se degrade?

Cuando hablamos de degradación de batería, nos referimos a una reducción progresiva de su capacidad original. Con el paso del tiempo, la batería puede almacenar menos energía que cuando era nueva.

El análisis citado encontró una degradación promedio del 2,3 % anual. Si ese ritmo se mantuviera durante ocho años, la batería conservaría aproximadamente el 81,6 % de su capacidad original.

Esto no significa que todos los vehículos presenten exactamente ese comportamiento. El resultado corresponde a un promedio obtenido sobre más de 22.700 unidades. Por tanto, cada batería puede evolucionar de manera diferente.

La tecnología utilizada también importa. Además, la temperatura y los patrones de carga pueden influir en el comportamiento observado. Por eso, conviene interpretar cualquier cifra como una referencia general.

¿Cargar todos los días al 100 % perjudica la batería?

Aquí aparece uno de los principales mitos sobre los vehículos eléctricos. Alcanzar el 100 % ocasionalmente no significa deteriorar automáticamente la batería.

El problema aparece cuando los estados extremos se convierten en una rutina prolongada. Mantener la batería durante mucho tiempo en niveles muy altos o muy bajos puede influir en su desempeño.

Por eso, no necesitamos vivir pendientes del indicador de carga. Tampoco debemos pensar que cada carga completa representa un daño inmediato.

Lo más sensato consiste en adaptar la carga a nuestras necesidades reales. Además, debemos seguir las recomendaciones específicas del fabricante para nuestro vehículo.

No necesitamos obsesionarnos con el 20 % y el 80 %

Durante los últimos años, el 20 % y el 80 % se han convertido en referencias habituales. Sin embargo, esas cifras no deberían transformarse en una regla rígida para todos.

Llegar ocasionalmente a niveles altos o bajos forma parte del uso normal de un vehículo eléctrico. El propio sistema administra diferentes aspectos relacionados con la batería.

Por eso, resulta más importante evitar mantenerla durante periodos prolongados en estados extremos. La frecuencia y la duración de esas situaciones tienen mayor relevancia que una cifra aislada.

Además, nuestras necesidades cambian. Un viaje largo puede exigir una carga mayor. Una jornada corta puede requerir mucha menos energía.

Geely Smart Charging 002

La carga rápida tiene un propósito específico

La carga rápida DC representa una de las grandes ventajas de la movilidad eléctrica. Permite recuperar autonomía en menos tiempo cuando necesitamos continuar nuestro recorrido.

Sin embargo, utilizarla constantemente como única alternativa no siempre resulta necesario. Para la rutina diaria, podemos recurrir a carga AC o de menor potencia cuando las circunstancias lo permitan.

La clave está en entender que cada método responde a una necesidad diferente. La carga rápida tiene sentido cuando el tiempo disponible resulta limitado.

Durante un viaje, por ejemplo, recuperar autonomía rápidamente puede cambiar por completo la experiencia. En casa o durante una jornada normal, podemos disponer de más tiempo.

Por eso, alternar métodos de carga cuando sea posible puede contribuir al cuidado de la batería. No se trata de prohibir la carga rápida.

¿Entonces debemos evitar siempre la carga rápida?

No. Esa interpretación sería demasiado extrema. La carga rápida forma parte de las capacidades previstas en determinados vehículos eléctricos.

El punto consiste en no convertir una herramienta específica en la única rutina de carga. Cuando podemos utilizar una alternativa de menor potencia, tenemos otra opción para nuestras necesidades cotidianas.

Además, las necesidades de cada conductor son diferentes. Quien realiza viajes frecuentes puede necesitar más carga rápida. Quien utiliza el vehículo principalmente en trayectos habituales puede tener otras prioridades.

En definitiva, debemos utilizar la infraestructura disponible con sentido común. La tecnología está diseñada para facilitarnos la movilidad, no para obligarnos a seguir una rutina complicada.

La temperatura también puede convertirse en un factor importante

Existe otro elemento que fácilmente pasa desapercibido: la temperatura. Las condiciones térmicas forman parte de los factores que pueden influir en la degradación.

La exposición prolongada a temperaturas elevadas puede acelerar ese proceso. Por ello, proteger el vehículo cuando sea posible representa una medida sencilla.

Estacionar bajo techo puede ayudar cuando existe esa posibilidad. También resulta importante permitir que los sistemas de gestión térmica del vehículo funcionen correctamente.

Este punto demuestra que cuidar una batería no consiste solamente en decidir cuándo conectamos el cargador. El entorno también forma parte de la ecuación.

Y aquí aparece una ventaja tecnológica importante. Los vehículos incorporan sistemas capaces de gestionar diferentes aspectos relacionados con su funcionamiento.

El usuario no tiene que convertirse en un experto

Las baterías modernas cuentan con sistemas que administran gran parte de su funcionamiento. Por eso, el conductor no necesita conocer cada detalle técnico.

Esto no significa que nuestros hábitos sean irrelevantes. Más bien ocurre lo contrario: unas prácticas sencillas pueden complementar el trabajo realizado por la tecnología.

Podemos comenzar por algo básico. Conocer las recomendaciones del fabricante permite utilizar el vehículo de acuerdo con su arquitectura específica.

También podemos evitar rutinas innecesariamente extremas. Así, cuidamos el sistema sin convertir cada desplazamiento en una operación técnica.

La idea resulta bastante sencilla. La tecnología hace gran parte del trabajo y nuestros hábitos ayudan a complementarla.

Un vehículo eléctrico también necesita mantenimiento

Existe otro mito que conviene aclarar. Tener menos componentes mecánicos asociados a la propulsión no significa olvidarse del mantenimiento.

Los vehículos eléctricos requieren revisiones de sus sistemas eléctricos y electrónicos. También necesitan atención sobre los sistemas relacionados con la gestión térmica.

Por tanto, el mantenimiento continúa siendo una parte importante de la experiencia. Ignorarlo puede afectar el funcionamiento general del vehículo.

La situación cambia ligeramente cuando hablamos de un híbrido enchufable. En ese caso, debemos considerar sus diferentes sistemas de propulsión.

El mantenimiento adecuado debe contemplar ambas partes. Así, el vehículo puede mantener correctamente sus diferentes tecnologías.

No todos los vehículos electrificados funcionan igual

Hablar de vehículos electrificados como si todos fueran idénticos puede llevarnos a conclusiones equivocadas. Existen diferentes arquitecturas y cada una tiene características particulares.

En el portafolio colombiano de Geely encontramos tres ejemplos claros. El Geely EX2 y el Geely EX5 son vehículos completamente eléctricos.

Por otro lado, el Geely Starray EM-i combina una batería recargable con un sistema híbrido enchufable. Su arquitectura, por tanto, presenta diferencias frente a los modelos 100 % eléctricos.

Esta diversidad hace que las recomendaciones específicas tengan especial importancia. No deberíamos asumir que una misma rutina sirve exactamente para todas las tecnologías.

Conocer qué tipo de vehículo tenemos representa el primer paso. Después, debemos consultar las indicaciones correspondientes para utilizarlo correctamente.

¿Qué papel cumplen nuestros hábitos diarios?

La rutina diaria puede parecer insignificante. Sin embargo, las pequeñas decisiones se repiten cientos de veces durante la vida útil del vehículo.

Por ejemplo, podemos elegir cuándo cargar según nuestras necesidades reales. También podemos evitar dejar el vehículo durante periodos prolongados en estados extremos.

Asimismo, podemos aprovechar la carga AC cuando tengamos suficiente tiempo. La carga rápida queda entonces disponible para situaciones donde realmente aporta valor.

Ninguna de estas acciones exige conocimientos avanzados. Tampoco requiere controlar obsesivamente cada porcentaje de batería.

Se trata, simplemente, de adoptar una rutina razonable. Cuanto más sencilla resulte, más fácil será mantenerla durante años.

La autonomía no es el único dato que debemos mirar

Cuando analizamos un vehículo eléctrico, solemos concentrarnos en la autonomía. Es lógico: queremos saber cuánto podemos recorrer antes de volver a cargar.

Sin embargo, la vida de la batería también merece nuestra atención. Una batería que conserva mejor su capacidad puede mantener una experiencia de uso más consistente con el paso del tiempo.

Por eso, hablar de movilidad eléctrica implica mirar más allá de una sola carga. También debemos entender cómo utilizamos el sistema durante meses y años.

La autonomía responde a una pregunta inmediata. La gestión de la batería responde a una preocupación mucho más amplia.

Y esa diferencia será cada vez más relevante conforme aumente la adopción de vehículos electrificados.

¿Qué podemos hacer desde hoy?

No necesitamos cambiar completamente nuestra rutina. Podemos comenzar con unas pocas prácticas fáciles de aplicar.

  • Utilizar carga rápida DC cuando realmente necesitemos recuperar autonomía rápidamente.
  • Alternar con carga AC o de menor potencia cuando nuestras necesidades lo permitan.
  • Evitar mantener la batería durante periodos prolongados en estados extremos.
  • Reducir la exposición prolongada a temperaturas elevadas cuando sea posible.
  • Estacionar bajo techo cuando las condiciones lo permitan.
  • Permitir que los sistemas de gestión térmica funcionen correctamente.
  • Cumplir las recomendaciones de mantenimiento del fabricante.
  • Identificar la tecnología específica de nuestro vehículo.

Estas acciones no prometen detener la degradación. Ninguna rutina puede convertir una batería usada durante años en una batería nueva.

Sin embargo, sí ayudan a entender mejor el sistema. También permiten utilizar la tecnología de manera más coherente con las recomendaciones disponibles.

La mejor rutina es la que se adapta a nuestras necesidades

Quizá el error más común consiste en buscar una única regla universal. En realidad, no existe una rutina idéntica para todos los vehículos electrificados.

Un conductor puede necesitar carga rápida con frecuencia. Otro puede realizar desplazamientos cortos y disponer de muchas horas para cargar.

También cambian las condiciones ambientales. Las temperaturas, los trayectos y los periodos de estacionamiento no son iguales para todos.

Por eso, la recomendación más razonable consiste en conocer nuestro vehículo. Después, podemos ajustar nuestros hábitos según nuestras necesidades reales.

La tecnología ofrece herramientas suficientes para simplificar ese proceso. Nosotros solo necesitamos utilizarlas de manera consciente.

El futuro de la movilidad eléctrica también depende del cuidado

La conversación sobre vehículos eléctricos está cambiando. Antes, la pregunta principal giraba alrededor de la autonomía disponible.

Ahora aparece otra preocupación: cómo conservar el desempeño de la batería durante años. Ese cambio refleja una mayor madurez en el uso de la tecnología.

El crecimiento de los vehículos electrificados en Colombia hará que estas preguntas sean cada vez más frecuentes. Además, nuevos usuarios necesitarán entender conceptos que antes parecían exclusivos de especialistas.

La buena noticia es que el cuidado cotidiano no tiene por qué resultar complicado. Podemos apoyarnos en los sistemas del vehículo y seguir las recomendaciones correspondientes.

Al final, se trata de encontrar equilibrio. Ni obsesionarnos con cada porcentaje ni ignorar por completo nuestros hábitos.

Entonces, ¿qué deberíamos recordar?

La vida de la batería de un vehículo eléctrico no depende de una única decisión. La degradación responde a diferentes variables y cada vehículo puede comportarse de manera particular.

El análisis de Geotab ofrece una referencia importante con una degradación promedio del 2,3 % anual. Sin embargo, ese resultado representa un promedio entre más de 22.700 vehículos.

Por eso, no debemos convertir ese porcentaje en una predicción individual. La tecnología, la temperatura y los patrones de carga pueden modificar el comportamiento.

También debemos recordar que llegar al 100 % ocasionalmente no implica deteriorar automáticamente la batería. Del mismo modo, no necesitamos esperar siempre hasta niveles extremadamente bajos.

Lo importante consiste en evitar extremos prolongados, utilizar la carga según nuestras necesidades y cumplir el mantenimiento recomendado.

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Comunicador Social y periodista automotriz y Financiero, Desde 2006 cubre el sector automotor, Más de 27 marcas probadas, 47 eventos automotrices cubiertos, 10.000 fotografías hechas en el sector automotor
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