Una ciudad puede seguir teniendo tráfico, semáforos y avenidas congestionadas, pero experimentar cambios importantes en su ambiente urbano. ¿Qué pasaría si cada vez más vehículos dejaran de emitir gases directamente por el tubo de escape? La respuesta va mucho más allá de la tecnología y el ahorro de combustible.
- ¿Qué cambiaría en una ciudad con más vehículos eléctricos?
- Calidad del aire: el cambio que comienza a nivel de calle
- ¿Los vehículos eléctricos son realmente más ecológicos?
- Menos ruido en las calles: un beneficio que también importa
- ¿Más vehículos eléctricos significan menos congestión?
- La movilidad sostenible necesita algo más que motores eléctricos
- Vehículos eléctricos en Colombia: una tendencia que gana relevancia
- Geely y las alternativas de nuevas energías en Colombia
- ¿Qué necesitan las ciudades para aprovechar esta transición?
- El verdadero cambio empieza fuera del vehículo
Los vehículos eléctricos en Colombia están ganando protagonismo y abriendo una conversación sobre el futuro de la movilidad. Además de la autonomía y los puntos de carga, ahora importan la calidad del aire, el ruido y la manera en que compartimos los espacios urbanos. Sin embargo, hay una diferencia fundamental: electrificar el transporte no elimina todos sus problemas, aunque sí puede modificar algunos de sus impactos cotidianos.
Según las cifras de matrículas citadas por ANDI y Fenalco, julio de 2026 registró un crecimiento del 211 % en vehículos eléctricos frente al mismo mes de 2025. Durante el primer semestre, además, se contabilizaron 24.477 unidades, con un incremento del 235,5 %. Estas cifras muestran una expansión importante del mercado colombiano y plantean una pregunta necesaria: ¿cómo podría cambiar nuestra experiencia urbana si esta tendencia continúa?

¿Qué cambiaría en una ciudad con más vehículos eléctricos?
*Los vehículos eléctricos pueden contribuir a mejorar el entorno urbano porque no producen emisiones directas por el tubo de escape durante la conducción. Además, generan menos ruido de propulsión a bajas velocidades que los vehículos convencionales. Sin embargo, sus beneficios dependen de factores como la composición del parque automotor, la generación eléctrica, el tráfico y las características de cada ciudad. Por eso, la electrificación representa una herramienta para avanzar hacia una movilidad más limpia, pero no sustituye al transporte público, la bicicleta, los desplazamientos a pie ni la planeación urbana.
Este cambio comienza con una diferencia técnica que tiene consecuencias ambientales. Un vehículo de combustión quema gasolina o diésel para producir movimiento y libera gases a través del escape. En cambio, un vehículo completamente eléctrico utiliza energía almacenada en una batería para alimentar su motor. Por lo tanto, durante la circulación no expulsa gases de combustión por el tubo de escape.
La distinción importa especialmente en las ciudades. Allí, millones de personas caminan por las aceras, esperan el transporte público y permanecen cerca de las vías. Cuando disminuyen las emisiones directas de los vehículos que circulan por esos espacios, también cambia una de las fuentes de contaminación asociadas al tráfico. No obstante, el resultado general depende de cuántos vehículos se electrifiquen y de las demás fuentes contaminantes presentes en cada zona.
Calidad del aire: el cambio que comienza a nivel de calle
La contaminación atmosférica urbana constituye uno de los desafíos ambientales de las grandes ciudades colombianas. De acuerdo con el contexto señalado por el IDEAM, las fuentes móviles incluyen automóviles, motocicletas, buses y camiones. Estos medios de transporte participan en la dinámica de emisiones que afecta a los entornos urbanos.
Durante la combustión de gasolina y diésel pueden producirse contaminantes como los óxidos de nitrógeno, el monóxido de carbono y el material particulado. Su presencia y concentración dependen de diferentes condiciones, entre ellas la tecnología del vehículo, su estado mecánico, el combustible utilizado y las características de circulación. Por eso, comprender el problema exige observar el conjunto de fuentes y no únicamente un tipo de vehículo.
Los eléctricos de batería eliminan las emisiones directas del escape mientras circulan. En consecuencia, sustituir vehículos de combustión por unidades completamente eléctricas puede reducir las emisiones de escape asociadas a los desplazamientos reemplazados. El beneficio potencial adquiere relevancia en corredores con circulación intensa, aunque su magnitud debe evaluarse mediante mediciones y estudios específicos.
Ahora bien, no debemos confundir una reducción de emisiones directas con la desaparición de toda la contaminación. El desgaste de los neumáticos y los frenos, así como el polvo que vuelve a levantarse desde la superficie vial, también puede contribuir a las partículas presentes en el aire. Los vehículos eléctricos no eliminan automáticamente esas fuentes.
Aun así, la diferencia tecnológica ofrece una oportunidad concreta. Si una parte creciente de los desplazamientos se realiza sin combustión a bordo, las ciudades pueden reducir una fuente de emisiones vinculada directamente con el tránsito. Para conocer el alcance real, será necesario considerar los cambios en la calidad del aire y las demás actividades que generan contaminantes.
¿Los vehículos eléctricos son realmente más ecológicos?
La respuesta exige mirar más allá del tubo de escape. Un vehículo eléctrico no tiene una huella ambiental igual a cero, porque necesita materiales, procesos industriales, energía e infraestructura para funcionar. Su evaluación ambiental debe contemplar las diferentes etapas de su ciclo de vida.
La fabricación del vehículo y su batería requiere recursos y energía. Asimismo, la electricidad utilizada para recargarlo tiene un impacto asociado a la forma en que se produce. Por otra parte, cuando la batería termina su vida útil, su tratamiento, recuperación o disposición también forman parte de la responsabilidad ambiental.
Esto significa que el resultado no depende exclusivamente del motor. También influyen la matriz eléctrica, los procesos de fabricación, la duración del vehículo y la gestión de sus componentes. Sin datos comparables sobre esos factores, no conviene asignar una cifra universal al beneficio ambiental de cada unidad.
Sin embargo, existe una diferencia urbana inmediata: durante la conducción, los eléctricos de batería no emiten gases por el escape. Por eso, su incorporación puede reducir las emisiones directas en los lugares donde circulan, aunque su impacto ambiental completo requiera un análisis más amplio.
Diego Zárate, gerente general de Geely Colombia, plantea que la electrificación debe entenderse como algo más que un cambio tecnológico. Según su perspectiva, disminuir progresivamente las emisiones directas a nivel de calle también modifica la relación entre movilidad y ciudad. El valor de la transición, por tanto, no se limita a lo que sucede dentro del vehículo.

Menos ruido en las calles: un beneficio que también importa
El ruido es otra dimensión de la movilidad que suele quedar en segundo plano cuando hablamos de autos eléctricos. Sin embargo, el sonido del tráfico acompaña buena parte de la vida urbana. Se escucha desde las viviendas, los espacios de trabajo, los parques y las zonas peatonales cercanas a las avenidas.
La Organización Mundial de la Salud identifica el tráfico vehicular como una fuente relevante de ruido ambiental. Además, relaciona la exposición excesiva al ruido con efectos negativos sobre el bienestar y la salud. Por ello, las decisiones de movilidad también merecen evaluarse desde la perspectiva acústica, no solamente por sus emisiones atmosféricas.
Los motores eléctricos producen menos ruido de propulsión que los motores de combustión, especialmente cuando los vehículos circulan a bajas velocidades. Esta característica puede contribuir a reducir una parte del ruido generado por el tránsito. Sin embargo, no significa que un vehículo eléctrico sea completamente silencioso.
Cuando aumenta la velocidad, el contacto entre los neumáticos y la vía adquiere mayor importancia. También interviene el ruido aerodinámico, producido por el movimiento del vehículo a través del aire. Por eso, la diferencia acústica entre tecnologías cambia según las condiciones de circulación.
En zonas urbanas con velocidades bajas o moderadas, la electrificación introduce una posibilidad interesante. Si aumenta la proporción de vehículos eléctricos, podría disminuir parte del ruido asociado a la propulsión. Aun así, el resultado dependerá del volumen de tráfico, las características de las calles y las demás fuentes sonoras presentes.
¿Más vehículos eléctricos significan menos congestión?
Aquí aparece uno de los puntos más importantes del debate. Un vehículo eléctrico no ocupa menos espacio vial por el simple hecho de utilizar electricidad. Si el número de vehículos continúa creciendo, las vías pueden seguir congestionadas, independientemente del sistema de propulsión.
La congestión depende de múltiples elementos. Entre ellos se encuentran la cantidad de vehículos, la capacidad de las vías, los horarios de desplazamiento y la distribución de los viajes. También influyen la ubicación de las viviendas, los centros de empleo y los servicios que las personas necesitan diariamente.
Por lo tanto, reemplazar un vehículo de combustión por uno eléctrico no resuelve automáticamente los problemas de tráfico. Ambos siguen necesitando espacio para circular, estacionar y realizar maniobras. Además, una transición tecnológica no elimina las dificultades de acceso que experimentan quienes dependen de desplazamientos largos.
La solución requiere combinar diferentes alternativas. Un transporte público eficiente puede trasladar a numerosas personas utilizando menos espacio vial por pasajero. Asimismo, caminar y utilizar la bicicleta resultan opciones relevantes cuando las distancias, la seguridad y la infraestructura lo permiten.
En ese contexto, la electrificación debe ocupar un lugar específico dentro de una estrategia urbana más amplia. Los vehículos eléctricos pueden reducir emisiones directas y parte del ruido de propulsión. No obstante, disminuir la congestión exige también mejorar las alternativas de transporte y organizar mejor los desplazamientos.
La movilidad sostenible necesita algo más que motores eléctricos
Hablar de movilidad sostenible implica observar cómo se mueve una ciudad en su conjunto. No basta con modificar la tecnología de los vehículos si las personas siguen enfrentando trayectos excesivamente largos, conexiones deficientes o pocas alternativas para desplazarse.
La planeación territorial desempeña un papel importante porque influye en la relación entre las viviendas, los empleos y los servicios. Cuando los desplazamientos cotidianos requieren recorrer grandes distancias, las personas pueden depender más del transporte motorizado. En cambio, una distribución urbana que facilite el acceso a servicios puede ampliar las opciones disponibles.
Además, el transporte público necesita condiciones que permitan ofrecer recorridos útiles, conexiones adecuadas y un servicio confiable. La bicicleta y los desplazamientos a pie también requieren infraestructura segura y accesible. De poco sirve promover alternativas si las personas no cuentan con condiciones apropiadas para utilizarlas.
La electrificación puede complementar estos esfuerzos mediante vehículos que no producen emisiones directas de escape. Su aporte será más significativo como parte de una política integral que considere tanto la tecnología como las necesidades reales de movilidad.
Diego Zárate señala precisamente que una ciudad sostenible no depende de una sola tecnología ni exclusivamente del automóvil. Su planteamiento destaca la importancia del transporte público, la movilidad activa, la infraestructura y la planeación. En esa transformación, los vehículos más eficientes y limpios también pueden desempeñar un papel concreto.
Vehículos eléctricos en Colombia: una tendencia que gana relevancia
El crecimiento de las matrículas muestra que la movilidad eléctrica está adquiriendo mayor visibilidad en Colombia. Según las cifras de ANDI y Fenalco proporcionadas para este artículo, durante julio de 2026 se matricularon 4.870 vehículos eléctricos. La cifra representa un aumento del 211 % frente a julio del año anterior.
Asimismo, el primer semestre de 2026 acumuló 24.477 unidades, con un crecimiento del 235,5 %. Estas cifras reflejan una expansión considerable del mercado en comparación con los periodos correspondientes de 2025. Sin embargo, el crecimiento porcentual no indica por sí solo qué proporción representa la tecnología eléctrica dentro de todo el parque automotor.
Para entender la transformación, también conviene observar la cantidad total de vehículos en circulación y la velocidad con que se renueva la flota. Un aumento de las matriculaciones nuevas no significa que todos los vehículos de combustión existentes desaparezcan rápidamente de las calles.
La evolución del mercado también plantea preguntas sobre la infraestructura de recarga, la disponibilidad de modelos y las necesidades de diferentes usuarios. Las condiciones de uso pueden variar entre quienes realizan recorridos urbanos frecuentes y quienes necesitan viajar por carretera. Por eso, la adopción depende de más elementos que el interés por una tecnología.
En Colombia, la conversación sobre los eléctricos comienza a relacionarse con objetivos urbanos más amplios. Además de evaluar la autonomía y la recarga, resulta importante analizar sus posibles aportes a la calidad del aire y al ruido. Así, el debate incorpora una pregunta colectiva: ¿qué beneficios puede experimentar una ciudad cuando cambia la tecnología de sus desplazamientos?

Geely y las alternativas de nuevas energías en Colombia
En el mercado colombiano, Geely participa en esta transición con alternativas que responden a distintas configuraciones tecnológicas. Su oferta mencionada en el material original incluye los modelos eléctricos EX2 y EX5, junto con Starray EM-i, una propuesta híbrida enchufable.
Esta diferencia es importante para comprender el alcance de cada tecnología. Un vehículo completamente eléctrico utiliza electricidad almacenada en su batería para impulsar el motor, sin generar emisiones directas por el tubo de escape durante la conducción. Un híbrido enchufable, por su parte, combina un sistema de propulsión eléctrico con un motor de combustión.
Por ello, ambas opciones no producen exactamente los mismos efectos durante todos los desplazamientos. En un eléctrico de batería, la conducción no genera emisiones de escape. En un híbrido enchufable, el resultado depende también de cómo se utiliza el vehículo y de cuándo interviene su motor de combustión.
La elección entre tecnologías debe considerar las necesidades del usuario, las condiciones de desplazamiento y las posibilidades de recarga. Además, conviene evitar generalizaciones sobre costos, autonomía o rendimiento cuando no se dispone de especificaciones comparables y actualizadas de cada modelo.
La participación de diferentes fabricantes amplía las alternativas disponibles en el mercado. Sin embargo, el impacto urbano no depende de una marca en particular, sino de cómo evoluciona el conjunto de la movilidad. La infraestructura, las políticas públicas y las decisiones de los usuarios también influyen en esa transformación.
¿Qué necesitan las ciudades para aprovechar esta transición?
El crecimiento de los vehículos eléctricos abre oportunidades, pero aprovecharlas requiere planificación. Las ciudades necesitan observar cómo evoluciona la demanda de transporte, dónde se concentran las emisiones y cuáles son las principales fuentes de ruido. Con esa información, pueden identificar medidas adecuadas para cada entorno.
La infraestructura de recarga también forma parte de la transición. Su disponibilidad y distribución influyen en las posibilidades de uso de los vehículos eléctricos. Asimismo, la planificación debe considerar las necesidades de quienes no cuentan con estacionamiento privado y requieren alternativas para recargar sus vehículos.
Por otro lado, evaluar los resultados exige utilizar indicadores adecuados. Las mediciones de calidad del aire pueden ayudar a observar la evolución de determinados contaminantes. Los estudios acústicos permiten analizar cambios en el ruido ambiental, mientras que los datos de movilidad ayudan a comprender los patrones de circulación.
Es importante distinguir entre una tendencia comercial y un resultado ambiental demostrado. Que aumenten las matriculaciones eléctricas no demuestra, por sí solo, que una ciudad ya tenga aire más limpio o menos ruido. Para establecer esa relación, deben considerarse otros factores y analizarse mediciones durante periodos comparables.
La transición también necesita continuidad. Renovar progresivamente los vehículos puede contribuir a reducir determinadas emisiones directas, pero los cambios urbanos suelen depender de múltiples decisiones simultáneas. Integrar transporte público, movilidad activa, infraestructura y tecnologías de nuevas energías permite abordar el problema desde distintas perspectivas.
El verdadero cambio empieza fuera del vehículo
Durante mucho tiempo, la conversación sobre movilidad eléctrica se ha concentrado en aspectos prácticos. La autonomía, los tiempos de recarga y las posibilidades de uso cotidiano siguen siendo relevantes. Sin embargo, a medida que aumenta la presencia de estos vehículos, también cobra importancia su relación con el espacio compartido.
Una calle no es únicamente un lugar por donde pasan vehículos. También es el entorno donde las personas caminan, esperan, conversan y desarrollan sus actividades diarias. Por eso, las decisiones sobre movilidad pueden tener consecuencias que van más allá de la experiencia de quien conduce.
Reducir las emisiones directas de escape puede contribuir a mejorar determinadas condiciones ambientales urbanas. Disminuir parte del ruido de propulsión también representa una posibilidad relevante, especialmente en situaciones de circulación a baja velocidad. No obstante, esos beneficios potenciales deben entenderse dentro de un panorama que incluye otras fuentes contaminantes y sonoras.
Al mismo tiempo, una ciudad necesita gestionar el espacio vial y ofrecer alternativas de desplazamiento. Los vehículos eléctricos no eliminan la congestión ni sustituyen la necesidad de un transporte público eficiente. Tampoco resuelven por sí solos los retos de planeación territorial, infraestructura y accesibilidad.


