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JEEP: UNA HISTORIA TAN COLOMBIANA COMO EL CAFÉ

Como en toda leyenda, son innumerables las historias que se han escrito alrededor del origen de Jeep® en nuestro país, sin embargo, todas coinciden en ubicar sus primeras andanzas en el Eje Cafetero, donde las mulas no tuvieron problema en cederle el paso para recorrer los caminos de una agreste geografía que necesitaba conectar con determinación veredas y caseríos para alzarse como una próspera región con olor a café.

Diseñado para afrontar los terrenos más complejos, Jeep® aterrizó en nuestro país, trayendo consigo el sabor de esa victoria que le daría su destacado papel en la Segunda Guerra Mundial.  Lo que nadie imaginó es que en 1.946 Colombia exportaría la mayor cantidad de café de que se tuviera razón: 5 millones de sacos, casi todos a Estados Unidos,  y que fuera ese mismo país el que enviaría el mítico Willys,  como  signo premonitorio de una relación eterna  entre Jeep® y el grano colombiano.

Así, el icónico 4X4  se preparaba para emprender una nueva batalla que,  si bien inició con la importación de las primeras 300 unidades por parte del Ministerio de Guerra, hoy Ministerio de Defensa, la libró en los campos, cuando los más ricos hacendados de la región aceptaron intercambiar café por vehículos para escribir a bordo otra historia  abriendo rutas, conquistando territorios y llegando a donde siempre quisieron llegar.

En los años cincuenta las ventas de café  a nivel internacional superaban el 70% del  total exportado por Colombia. Cuando la década llegaba a su fin y se inauguraba  en 1959 el aeropuerto El Dorado de Bogotá,  la Caja de Crédito Agrario y la Federación de Cafeteros, importaron nuevos Willys para venderlos a los campesinos de la zona cafetera, quienes llevando grandes cargas del grano, plátano, aguacate,  naranjas y hasta trasteos entre  las fincas y cabeceras municipales, ayudaron a hacer de los caminos de arriería, nuevas carreteras convirtiéndose en hábiles pilotos que sin proponérselo, forjaron la economía de esa región.

Leonidas Lara e hijos Cra 13, Bogotá

Otro de los protagonistas importantes de esta historia es sin lugar a duda Leonidas Lara e Hijos, quien encontró una oportunidad para satisfacer las necesidades de esas pujantes familias colombianas, primero con la importación directa del CJ y luego, ensamblando en su planta el Jeep® CJ5 de 1961, año en que el presidente John F. Kennedy visitó nuestro país en compañía de su esposa Jackeline y Colombia clasificaba por primera vez a un mundial. Este modelo fue anunciado bajo  el amparo de las patentes exclusivas de la Willys Overland Export de Toledo, Ohio y promocionado por un valor de $19.000 pesos.

Toledo, OHIO (1964)

En 1974, la bonanza cafetera contribuyó al auge de estos modelos que pronto serían conocidos como “mulas mecánicas”. No obstante, tras el rompimiento del pacto mundial de cuotas de café en el 89,  los precios del grano  se derrumbaron y con ellos esa dinámica agrícola, que hizo que los campesinos de las zonas productoras se desplazaran a las grandes ciudades y el Willys tomara un nuevo  rumbo, esta vez  como transporte de pasajeros, dejando muy en claro que ese no sería su final.  Su espíritu pronto recobraría fuerza no solo como un atractivo turístico, sino como manifestación cultural del paisaje  cafetero,  cuando ese mismo año  se realizó el primer desfile del yipao  dentro de las actividades programadas para la  celebración del centenario de la ciudad de Armenia.

Transcurría 1992 y Colombia producía 16 millones de sacos de Café  en el marco de una  controvertida apertura económica.  Los nuevos modelos de Jeep®, regresaban  al país con la importación formal de la marca a través de Crump América, distribuidor independiente que mantuvo su operación hasta 2003.  Posteriormente, la distribución pasó a ser de la fábrica, en ese entonces  Daimler Chrysler, que para 2005 hacía gala de su completo portafolio en el territorio nacional.

Entre tanto, 1.999 comenzó con una devastadora noticia para el Eje Cafetero a raíz del terremoto que sacudió cada entraña de esa tierra.  Pero pronto la destrucción se convirtió en una oportunidad y el resurgir de la  región llegaría  de la mano del popular yipao, al encontrar un nuevo camino, esta vez como  símbolo indiscutible de ese espíritu  cafetero que no se deja vencer.  En 2010  la representación de Jeep® fue cedida a SKBergé De la mano de este grupo Hispano-Chileno, la operación de la marca se ha fortalecido con el lanzamiento de modelos como el Jeep® Grand Cherokee, Jee® Cherokee, Jeep® Compass, Jeep® Wrangler, Jeep® Renegade y Jeep® Gladiator que continúan transitando por las calles y carreteras del país de la mano de esas cerca de cuatro mil unidades de modelos anteriores a 1952, que siguen abriendo caminos y ostentando con orgullo un legado que mira hacia atrás para seguir escribiendo esa historia de tenacidad y valor que aún huele a café.

En 2020, el “desfile del yipao” fue declarado patrimonio cultural de la nación. Una muestra más de que la historia de la marca es tan colombiana como el café.

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